El bullicio de miles de personas, la búsqueda de novedades, la sorpresa ante objetos desconocidos o el reencuentro con viejos conocidos forman parte esencial de la trigésimo cuarta edición de la Feria Internacional de Artesanías, que se inició este viernes en el Complejo Ferial de la zona del Chateau Carreras, y que se extenderá hasta el domingo 27.

La muestra que se inició tímidamente en los 80 ha crecido a fuerza de continuidad y de convocatoria de expositores y de público. Suman 600 los artesanos que despliegan sus creaciones, esperanzados en atraer a gente que los conoce y a los visitantes que se incorporan en cada edición.

“El que viene se encontrará esta vez con la calidad de siempre y con un montón de sorpresas” afirma Alejandro Halac, el responsable de la organización que reivindica su condición de conocedor para pronosticar que “las mejores piezas se van en las dos primeras jornadas, porque los expertos aprovechan la menor afluencia que suele haber en la apertura para recorrer, elegir y comprar”.

Para varios de los expositores, en momentos de cambios y de ciertas dudas en materia económica, la clave pasa por conservar los precios del año pasado o  no modificarlos en un porcentaje importante. Es, al menos, el camino que han elegido Francisco y Carolina, integrantes de una pareja que desde hace 15 años se dedica a la azulejería y el mosaiquismo.

Ellos confían en que 2016 será un buen año y apuestan a la originalidad en los diseños. Y allí están en las repisas, coloridos azulejos con la cara de Frida Khalo, que juzgan irresistibles para los que recorren la Feria buscando elementos para una cocina distinta.

No descuidan tampoco el tema de las ofertas, un ítem que los entendidos consideran vital como factor de una comercialización exitosa. A veces el público duda sobre todo en esos pabellones repletos de posibilidades, pero casi todos terminan optando por objetos que consiguen reunir calidad y buen precio.

La Feria, que podrá ser visitada hasta el domingo 27,  permanece abierta de  15 a 22 – a excepción del Viernes Santo, en el que el horario será de 13 a 22-, tiene una entrada general de 70 pesos, que baja a  50 para jubilados y estudiantes, y contempla el ingreso libre para menores de 10 años.

Las líneas de ómnibus que viajan hacia el Complejo Ferial son las  75, 72 y 71, todas con paradas en la plaza San Martín, en el centro de la ciudad. En Feriar hay además, estacionamientos tarifados al aire libre y varios puestos de comida y cafetería.

Como ocurre en todas las exposiciones de este tipo, caracterizadas por públicos multitudinarios, la oferta va desde un juguete artesanal a costosas joyas, platería, instrumentos musicales  y un importante espacio urbano que reúne ropa de marca, zapatos, regalería y diseños.

Las automotrices han aprovechado, además, para presentar en sociedad los nuevos modelos y hacer conocer sus planes de pago. Lla exhibición de un cero kilómetro se produce a metros del puesto donde se apilan cubanitos rebosantes de dulce de leche  y cerca del pasillo, en el que  confluyen las mercaderías de dos de los pabellones de Feriar, unidos por una sucesión de stands.

Albertina es una artesana salteña que en la jornada inaugural no había podido desembalar aún muchas de sus creaciones pero ya tenía en su puesto un par de antiguas clientas apuradas por llevarse cubiertos y unos delicados untadores de hueso.

“Sí, 30, igual que el año pasado” señala la mujer, especializada en platería, mientras acomoda unos candelabros alargados que combinan hueso y plata, los dos principales materiales de su producción. Mil pesos es el valor que le asignó a una bandeja de considerables dimensiones.

“Hay cosas más pequeñas, pero lo que más sale es lo grande. Son esas piezas las que llaman la atención”, asegura la salteña, quien se sabe entendida en un oficio que, según ella, tiene en su provincia natal cada vez más cultores.

Héctor Bellusci trabajó durante años en la industria automotriz y a la hora de su retiro decidió darle espacio a su pasión por el reciclado; ahora transforma lo que para algunos es basura industrial en objetos artísticos.

En la edición anterior tuvo éxito con unos desayunadores móviles, con rueditas, con los que intentará nuevamente hacer la diferencia. Cuestan 4.100 pesos y son de algarrobo de una sola pieza, estante de vidrio, ganchos a los costados, una bodeguita de hierro en la parte inferior y hasta un receptáculo especial para depositar envases antiestéticos.

Como en ocasiones anteriores, además de los artesanos locales, han llegado a la Feria Internacional, expositores de Perú, Chile, Uruguay y Bolivia.

Precisamente de este último país hermano es el luthier Jorge Martínez Troncoso, que llegó el viernes con sus quenas, quinkullos, sikus  y charangos. Desde 40 a 2.400 pesos es el valor de sus instrumentos. Su público va desde niños que reclaman a viva voz una quena hasta músicos que conocen la labor del artesano.