El sábado 3 de Julio a las 17 horas, entre los que estaban allá (en vivo) y los que estábamos acá(en directo), nos aprestábamos a disfrutar de un banquete futbolístico del que nos ilusionábamos con comernos el mejor postre: una nueva final importante, ésta vez en la Copa América. Luego de consumido el tiempo reglamentario sin novedades,se sumaron los treinta minutos de alargue, donde tampoco hubo diferencias y finalmente llegaron los penales, a través de los que por primera vez un equipo del otro lado de la cordillera se consagrara campeón. Dentro de la competencia deportiva es normal que uno gane y el otro no, pero repasando los «nombres» con los que estuvo integrada nuestra selección era de suponer que la diferencia nos favorecía. Sin embargo eso no fue así. Salvo muy pocas excepciones, esas grandes figuras que iluminan Europa estuvieron ausentes sin aviso. El mejor jugador del mundo que allá hace goles de todo tipo, acá hizo uno ¡y de penal!, el resto (Salvo Mascherano ,Rojo y Otamendi) no tienen sangre celeste y blanca. Es de esperar que, después de dos fracasos con los mismos convocados, el Técnico (tiene contrato hasta el 2018) comience a pensar en «ganar algo» y cite a los que verdaderamente tienen ganas y capacidad para vestir la gloriosa camiseta argentina. Parafraseando a un conocido relator, que siempre dice «¡Qué lindo es volver a verte Selección…!», habría que agregarle …»Qué lindo sería volver a verte  ganar un título!». En suma: cuando creíamos que nos íbamos a » comer todo» , terminamos con los platos vacíos.