Nuestra mesa de hoy no tendrá ningún tipo de plato exótico, ni para el deleite de ningún paladar; mas bien es para compartir entre varios un insípido menú, carente de sabores para destacar o para repetir porciones. El viernes reciente, los resultados futbolísticos dijeron que el Club Atlético Independiente de nuestra ciudad perdía la categoría. Hace ya unas semanas que Estudiantes corrió el mismo destino, lo que da como balance final del año deportivo que dos de las más señeras instituciones de la Liga Regional Riotercerense jugarán en la temporada 2016 en la División «B» . De nada vale detenerse a buscar los fundamentos, las razones o los porqués del resultado de estas magras campañas. Lo cierto es que lo hecho hecho está y ahora no queda otro camino que buscar el retorno al sitial superior con dedicación, trabajo y el convencimiento que el único camino posible para recuperar lo perdido es el de «barajar y dar de nuevo». Jugar en la Segunda División no es un deshonor para nadie; sólo es para el orgullo del hincha una «mancha en la solapa». Si de algo sirve como consuelo: seguimos teniendo el clásico, que aunque se juegue en la «A», en la «B» o amistoso no teda de tener el condimento especial de un partido distinto. Rojos y Chetos,: a renovar la apuesta y que el presente sólo sea el trampolín para elevarnos hacia las alturas de las que no debimos caernos nunca.